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Vespasiano, el emperador que construyó el Coliseo

Vespasiano

Como Tito Flavio Vespasiano era el nombre de un político y emperador romano que gobernó durante julio del año 69 hasta su muerte. Obtuvo el título de César Vespasiano Augusto y se le considera fundador de la dinastía Flavia, de la que fueron sucesores Tito y Domiciano.

Logró asumir el poder del Senado y también fue cónsul, comandante militar, con una diplomacia especial hacia las provincias de Oriente y que le logró dar el trono final ubicado en Roma.

Entre los cambios de gobierno que estableció, las reformas económicas son las que más llaman la atención, así como la ejecución de grandes obras arquitectónicas.

¿Quién fue Vespasiano o Tito, emperador romano?

Vespasiano nació en la ciudad de Falacrinae, en el seno de una familia de origen Ordo Equester. Esta era una clase social romana se considerada pudiente y con gran dedicación a realizar negocios.

El padre era un recaudador de impuestos y prestamista. Tenía como principal centro la provincia itálica ubicada en Asia, lugar que también utilizó como residencia para la familia. Su madre, Vespasia Polla,  era hermana de un senador.

Desde pequeño, el destino de Vespasiano fue el político, al igual que el de su hermano Tito Flavio. Formó parte del ejército en Tracia, y de ahí pasó a ser cuestor en Creta. Poco a poco ascendió entre los escalafones hasta llegar a ser edil y pretor. Durante este último cargo, obtuvo el visto bueno del emperador, Calígula.

Su primer matrimonio fue con Domitila, con la que tuvo tres hijos. Al fallecer, convirtió a su amante, Cenis, en su nueva esposa.

Cuando Claudio fue nombrado emperador en el 41, el entonces pretor ascendió a Legatus de la legio II Augusta ubicada en Germania.

Vespasio participó en la invasión romana de Britania, donde acaparó toda la atención. Un hecho que se incrementó tras las acciones que llevó  a cabo en Medway y Támesis, la toma sobre las tribus Durotigres y Dumnonios, sometiendo a Vectis y estableciendo una colonia en Isca.

La carrera en África del emperador romano Vespasiano

El regreso triunfante a Roma le consagró con el título de Consul suffectus, pero decidió retirarse un tiempo. Cuando decidió retomar la vida política, fue nombrado embajador de la provincia africana.

Existen versiones contrarias sobre el poder que ejerció aquí. Hay quienes dicen que lo despreciaban y otros que dicen que, simplemente, fue un momento que aprovechó para recuperar su fortuna.

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Lo cierto del caso es que la corrupción era un hecho común en cualquier área del Imperio. Pero no todo era dinero para Vespasiano, también hacía contactos.

Tras dejar el comercio con mulas, actividad que le ameritó el apodo del “Mulio”, Vespasiano decidió formar parte del séquito del emperador Nerón cuando fue a Grecia. No obstante, a diferencia de Calígula, con este perdió su favor ya que prestaba poca atención a las demostraciones del líder con la lira.

Resurrección de Vespasiano

Tras estar controlada la insurrección judía del año 66, muerto Nerón en el año 68, el paso de varios emperadores y después de varias guerras civiles hasta finales del año 69, finalmente Vespasiano recobró su figura política para ser nombrado emperador por el Senado.

Como administrador fue nombrado Cayo Licinio Muciano que incentivó al emperador para recaudar cuantos impuestos fuesen necesarios a fin de recuperar el poder adquisitivo de la caída república.

Revivieron viejas recaudaciones e instituyeron nuevas, aumentó el tributo provinciano y pusieron gran vigilancia entre los funcionarios de las arcas.

Algunos señalan que fue una época tacaña y otros que en realidad no daban reglas claras a los colonos. Más de uno envío una delegación con reclamaciones, por lo que hubo ciertas modificaciones para evitar una insurrección. Entre las nuevas medidas, se encontraba, por ejemplo, entre las el impuesto por la recogida de orina.

Coliseo de Roma

Impuesto por la recogida de orina en Roma

La orina en la antigua Roma era usada para procesos químicos y fabricación de productos, por ejemplo, jabón para lavar la ropa, blanqueador de togas, y mucho más, gracias a ser fuente natural de amoníaco.

El punto fue que Vespasiano observó el capital que daba la orina y decidió recaudar impuestos a quien recogiese orina para fines comerciales.

Sin duda alguna, la medida también causó revuelo. El propio hijo del emperador, Tito, le dijo a su padre que esto tenía una naturaleza desagradable, a lo que su padre le respondió: “¿Y esto te ofende?” mientras le mostraba una reluciente moneda de oro.

De ahí que al día de hoy sea utilizada la frase “el dinero no huele”. Además,  los urinarios públicos en Francia son conocidos como Vespasiennes, en Italia como Vespasiani y en Rumanía como Vespasiene, en honor a este emperador.

Propagandas de Vespasiano

Dadas las molestias que empezaron a generar las medidas económicas de Vespasiano, a este no le quedó de otra opción que empezar campañas de propaganda a su favor.

  • Encargó a varios agentes relatar historias donde se decía que era una especie de divinidad.
  • Todas las monedas emitidas en su gobierno demostraban sus victorias en la batalla.
  • La palabra “Vindex” fue retirada de todas las monedas, pues recordaba a un célebre general rebelde.
  • Empezó a crear grandes obras arquitectónicas con la inclusión de su imagen condenando a los malos y alabando a los buenos emperadores que le antecedieron.
  • Contaba con un centro de censura para que todos los escritos que fuese publicados no dijesen nada malo de él.
  • Empezó a pagarles a los antiguos historiadores para que alabaran sus actos.
  • Castigó, expulsó y exilió a todo aquel que hablara mal, hablara sobre estoicismo o sobre republicanismo.

Obras de Vespasiano: el Coliseo

No obstante, a su paso también edificó grandes obras de importante envergadura arquitectónica tales como:

Vespasiano templo de la Paz

El fin de Vespasiano

Fue en el año 96, cuando estaba descansando del verano en las villas termales que tenía en Campania, cuando una inflamación intestinal le produjo diarrea aguda. El reino quedaría entonces en manos de Tito quien no dudó en divinizarlo de inmediato.